El sabio es feliz, es bondadoso, es sincero cuando se expresa y es equilibrado. Trata a los demás por igual, independientemente de su estatus social, su nacionalidad o su sexo. El sabio calla cuando debe callar y habla para decir lo que tiene que decir y nada más. Es modesto, es humilde, se mantiene siempre íntegro y su presencia es una fuente de información interminable.